- Todos tenemos un vicio… de refracción

La palabra “vicio” prácticamente ha desaparecido del habla popular, más aún de la jerga médica. Hoy ya nadie dice de una persona cocainómana que tiene un vicio, sino una adicción. Sin embargo los vicios viven en la oftalmología, claro que sin la connotación de esos otros. Son los vicios de refracción.

Muchas personas creen que el hecho de necesitar algún medio para enfocar las imágenes (anteojos, lentes de contacto o cirugía refractiva) constituye una enfermedad. Este concepto erróneo se transmita de persona a persona y de generación en generación. De hecho, buena parte del tiempo de una consulta -sobre todo si el paciente es un niño- lo utilizo para quebrar este mito.

Idealmente el ojo deberia tener una forma tal que cuando mira hacia lo lejos, la imagen se forma exactamente sobre la superficie de la retina. Pero esta condición (llamada emetropía) es excepcional. La inmensa mayoria de las veces el ojo, comparado con esa condición ideal, presenta pequeñas desviaciones.
Las más de las veces el ojo -medido desde al polo anterior al polo posterior- es más corto que lo ideal, condición que se denomina hipermetropia. Más raramente la condición es inversa: el globo ocular es demasiado largo, en cuyo caso hablamos de miopía. Como se ve, tanto una como otra condición se definen por el largo del eje anterio-posterior.

En el polo anterior del globo ocular se encuentra la córnea, órgano transparente cuya forma se asemeja a un casquete de esfera hueco. Si fuera un casquete esférico perfecto, al ver la córnea de frente debería formarse un círculo, con todos sus diámetros iguales. Pero ésta es también una condición ideal que se ve muy pocas veces. En la inmensa mayoría de los casos hay un leve ovalamiento, es decir que existe un eje mayor y otro menor, separados por una distancia angular de 90º. A esta condición se la conoce como astigmatismo. Este ovalamiento es imperceptible a simple vista, pero en ocasiones es lo suficientemente marcado como para impedir que las imágenes se enfoquen con nitidez.

El ojo -cualquiera sea su condición- es una estructura dinámica que merced a ciertas estructuras elásticas puede variar su punto de enfoque en diferentes distancias. Pero la elasticidad de estas estructuras se va perdiendo en forma natural, irreversible y normal con los años. El rango de distancias en las cuales el ojo puede hacer foco va reduciéndose, hasta que llega el dia que -por ejemplo- es imposible enfocar una letra pequeña o ver el ojo de la aguja. Esta dificultad ligada a la edad recibe el nombre de presbicia.

La hipermetropía, la miopía, el astigmatismo y la presbicia se engloban bajo la etiqueta de vicios de refracción, nombre poco afortunado pero que ya se ha hecho carne en la terminología medica. No son enfermedades sino términos que describen al ojo, su forma y su condición desde el punto de vista óptico. Nada nos dicen estos términos sobre la salud visual. Una persona puede ser miope y tener una visión perfecta, o bien un ojo puede ser emétrope (ópticamente perfecto) y al mismo tiempo ciego debido a enfermedades o lesiones varias.

En mi consultorio suelo utilizar una analogía que, a pesar de lo burda, es útil para comprender el concepto. Si decimos que una persona calza 42, con ese dato no podemos deducir si se trata de un campeón olímpico de 100 metros llanos o si sufre una paraplejía. Algo similar ocurre con la medida -o sea, la refracción- de un ojo: sólo nos da una idea del tamaño y la forma del mismo, sin indicar para nada cuál es su estado de salud.